La fuerza de progreso de las mujeres

 

Hay una fuerza de progreso en el mundo, quizás la única de estas épocas: la de las mujeres. Una fuerza creativa que genera valor y energía aunque a menudo se considere complementaria o accesoria.

Una fuerza que quiere y debe ser valorada, que debe ser la protagonista del papel que desempeña y representa en todos los segmentos de la sociedad, a partir del mundo del trabajo y del sindicato.

Todos los días, en todas partes del planeta, las mujeres luchan contra la marginación con la que se las connota, contra los prejuicios profundamente arraigados en la sociedad que son la base de la desigualdad económica, la discriminación intolerable y la violencia inaceptable.

Luchan todos los días para decirle a la política, a la economía y a la sociedad que, en gran medida, son un asunto exclusivo de hombres.

Sin embargo, en los últimos dos años, hemos tenido una verdadera revolución que ha partido desde Estados Unidos: con el movimiento #MeToo las mujeres se rebelaban contra el gobierno que se acababa de establecer, contra el hostigamiento y contra la violencia en el mundo del espectáculo, la política y la economía.

Una enorme ola que se ha ha sentido en el resto del mundo, pero aún está lejos de ser lo suficientemente grande como para detener este miedo social complejo y arraigado.

El impacto de la violencia de género en la vida, en el trabajo, en las familias y en las sociedades es devastador y multifacético y debe combatirse con determinación en todos los frentes posibles.

Por este motivo, en la Conferencia Internacional del Trabajo de 2019, la CSI debe apoyar con plena convicción la adopción de un Convenio acompañado de una Recomendación sobre violencia y hostigamiento de mujeres y hombres en el mundo del trabajo y que el contenido de los mismos sea lo más sólido posible.

Mujeres rebeldes y mujeres atacadas, por una política que en todo el mundo se ha caracterizado por intentar reducir la libertad de las mujeres, una parte de la población que ya sufre de manera severa los rigores del trabajo informal, la dificultad de acceso y permanencia en el mercado laboral, el trabajo no remunerado o una brecha salarial de género mortificante e insoportable, a lo que en muchos países se ha de sumar ataques a la maternidad o a la interrupción voluntaria del embarazo, la libertad de las mujeres en la gestión del ciclo de vida.

Todo esto no es sino la suma de ataques directos contra la expresión de la libertad de las mujeres. Y cuando las libertades y los derechos de las mujeres se ponen a prueba, es el corazón de la democracia el que retrocede.

La segregación horizontal que persisten en la educación y en el empleo son intolerables y deben abordarse desde la primera infancia por crear desigualdades que luego representan un obstáculo insuperable para la plena participación de las mujeres en el trabajo y en la sociedad, en los países y en el mundo. Esta discriminacción también frena el crecimiento de la economía.

Al ser un problema económico, social y cultural, debe con políticas de distinto nivel en todos los sectores y desde sus raíces sociales y culturales más profundas.

La discriminación de género a menudo también atraviesa otros tipos de discriminación debido a la pertenencia a minorías étnicas, el residir en áreas rurales, ser migrante, padecer una discapacidad, ser pobre etc.

El sistema educativo es el principal sector desde el que se aseguran la alfabetización y consecución de determinadas habilidades y que permiten a las mujeres la participación activa en el desarrollo personal y en la sociedad.

Es necesario enfrentarse de manera seria a los estereotipos culturales y lingüísticos que se presentan a las niñas y ofrecerles modelos de roles diferentes, alternativos, especialmente en el sector de los medios de comunicación.

Las mujeres se enfrentan a muchos obstáculos en los sectores dominados por hombres al tiempo que logran un mejor desempeño y resultados en los estudios, sin embargo, el número de niñas que eligen ramas de los estudios llamados STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) sigue siendo inferior al de los niños, y, por lo tanto, es importante tomar medidas para aumentar el número de mujeres en estos sectores, de manera que éstas influya en el trabajo del futuro.

La capacitación dirigida a las trabajadoras y el aprendizaje a lo largo de la vida son esenciales para prevenir la exclusión del mercado laboral y evitar la espiral de feminización de la pobreza.

Debemos garantizar condiciones de trabajo justas, un salario digno y acceso a la protección social, especialmente en las nuevas formas de trabajo y en la economía GIG.

La naturaleza informal de este trabajo puede hacer que las mujeres pasen de tener ocupaciones tradicionales a otras formas de empleo que además, a veces, permiten una gestión distinta de las horas de trabajo, pero estos trabajos no garantizan la misma protección social que proporciona el trabajo estándar.

Es ahí en donde debemos jugar nuestro papel sindical, de manera que los derechos previstos por las leyes y los contratos se reconozcan y no se creen nuevas formas de explotación y marginación.

Es fundamental intervenir a favor de una distribución más equitativa de las tareas de asistencia entre géneros, apoyada por servicios y políticas públicas que permita el adecuado equilibrio entre trabajo y vida privada.

La corresponsabilidad en el cuidado y en otros aspectos es esencial para una participación equitativa en el mercado laboral.

En este sentido, el que exista una red de servicios públicos de alta calidad para el cuidado de hijas e hijos, y el que esos servicios sean accesibles -en particular para familias de bajos ingresos-es de crucial importancia, así como la existencia y disfrute de permisos parentales y la asistencia a personas dependientes.

El papel de los interlocutores sociales y la negociación colectiva es fundamental en este contexto. Las mujeres en el sindicato, en un momento histórico tan complejo, deben reiterar y promover una verdadera perspectiva de género en el marco de una gran batalla cultural continua dentro y fuera de la acción de sus organizaciones.

Es urgente recrear una nueva alianza entre mujeres para construir una red no solo entre sindicatos, sino también con movimientos, asociaciones y organizaciones de la sociedad civil.

Una red que nos permita conquistar nuevos derechos y recuperar el retroceso sufrido en las últimas décadas en términos de derechos adquiridos.

Continuamos luchando con todos los instrumentos a nuestra disposición, reiterando la afirmación de que los derechos de las mujeres y los derechos laborales son derechos humanos y, como tales, universales; porque ya no se puede posponer un cambio real en la sociedad y la economía, un cambio que coloque los derechos y libertades de las mujeres en el centro de las opciones estratégicas y d las políticas mundiales.

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