Es hora de detener el retroceso de derechos de las y los trabajadores asiáticos.

 

En los últimos años, la región asiática ha sido fundamental en la resistencia de los y las trabajadoras contra la explotación, la negación de derechos básicos y la regresión general de la democracia.

Varias acciones masivas han conseguido atraer la atención especial en la escena global: desde las huelgas por el aumento del salario mínimo en Indonesia, Camboya, Bangladesh y otros países, hasta las huelgas generales nacionales contra la reforma laboral que se consiguió atrasar en la India.

Las protestas en Asia han pasado por movilizaciones, como la masiva que se realizó contra la continua expansión del contrato y el trabajo precario en Filipinas a las huelgas y el llamado “movimiento de la luz de las velas” contra la corrupción gubernamental y el deterioro de los derechos de los trabajadores en Corea del Sur.

Una de las partes más activas del movimiento obrero mundial ha surgido en Asia, un continente a menudo denominado la “fábrica mundial”.

La mayoría de los empleos en la región están vinculados a cadenas de suministro globales de empresas transnacionales (ETN). Los trabajadores empleados en las famosas ETN del mundo se encuentran en el nivel más bajo de la cadena de suministro y tienen los trabajos más peligrosos con condiciones de trabajo deficientes y bajos salarios.

El control sobre el proceso de producción y los beneficios sigue en manos de unas pocas empresas transnacionales. Dirigen operaciones de producción de alto valor agregado y tecnología intensiva y que han establecido un verdadero monopolio con sus marcas dentro de sus mercados.

Si bien los gobiernos, a menudo, se centran en atraer más inversiones extranjeras (lo que ejerce una presión constante sobre las empresas locales para obtener el suministro justo a tiempo), los trabajadores y trabajadoras de la región están sufriendo la violación de derechos laborales fundamentales y condiciones laborales muy deficientes.

De los 35 países miembros de la OIT en la región, solo 18 (menos de la mitad) han ratificado el Convenio 87 sobre libertad sindical, mientras que más de un tercio aún no han ratificado el Convenio 98 sobre el derecho de sindicación y la negociación colectiva.

Es extremadamente difícil para los sindicatos ejercer el derecho de organización, negociación colectiva y huelga, especialmente los trabajadores de las Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPE), que en muchos países están totalmente excluidos de los derechos laborales fundamentales y las protecciones. El arresto y la sentencia a 3 años de prisión de Han Sang-gyun, ex presidente de la Confederación de Sindicatos de Corea (KCTU), ilustra claramente este clima represivo en la actividad sindical de la región.

La mayoría de los trabajos aún son precarios y gran cantidad de personas se involucran involuntariamente en diversos tipos de empleo, como los contratos a plazo fijo y a corto plazo, el trabajo temporal de agencia, la subcontratación, etc.

Estas formas de empleo no estándar están siendo utilizadas por los empleadores para tener un uso más flexible de la fuerza laboral y para prevenir la libertad sindical y los derechos sindicales.

En Filipinas, el gobierno de Duterte no puso fin a la contractualización y limitó en algunas ocasiones la libertad de los sindicatos para organizarse y protestar. En Camboya, los empleadores están introduciendo activamente un Contrato de Duración Fija para evitar que los trabajadores se afilien a sindicatos. Las empresas transnacionales como Samsung son las principales culpables del aumento del trabajo precario en la región.

El aumento del salario mínimo es una de las demandas más apremiantes en Asia. En muchos casos, el salario, especialmente para las y los trabajadores en el nivel inferior de la cadena de suministro, se mantiene al mínimo. Bajo la red de producción y la cadena de suministro globalizadas, las empresas transnacionales o las marcas internacionales, que son los contratistas principales, se obliga a la clase trabajadora a competir entre sí en una carrera hacia el fondo y, así, frenar cualquier aumento salarial.

Para reprimir el fuerte movimiento que exige ese aumento, los gobiernos tienden a restringir el espacio democrático donde los sindicatos pueden participar en la fijación del salario mínimo. Por ejemplo, en Indonesia después de una serie de huelgas generales nacionales y un rápido aumento de la tasa de salario mínimo, el gobierno abolió los resultados de dicha negociación.

El movimiento obrero mundial debe hacer más para apoyar las demandas de los trabajadores y trabajadoras en Asia que quieren el fin de mejorar las condiciones laborales de las personas que están en lo más bajo de la cadena de suministro global.

Para empoderar a estas trabajadoras y trabajadores necesitamos una campaña fuerte por la ratificación universal de los convenios fundamentales de la OIT, muy especialmente el convenio sobre libertad sindical.

La CSI debe coordinar una acción colectiva conjunta para detener esa carrera hacia abajo, aumentar los salarios y mejorar significativamente las condiciones de trabajo, para todas y todos los trabajadores en Asia.

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