Digitalización de la economía: Un reto para el movimiento sindical mundial

 

La digitalización es un fenómeno amplio y multifacético e impacta en las condiciones de trabajo de manera muy diferente en función del país, de los grupos de trabajadores e industrias e incluso dentro de estos grupos. Sus resultados pueden verse influidos por el papel desempeñado por los actores sociales. Los sindicatos, en todos los niveles, deben apuntar a liderar el proceso.

Sería engañoso centrar el debate solo en cuántos trabajos destruirá la robotización y cuántos podrà crear. Este debate escondería la discusión sobre la calidad del trabajo y no tendrá en cuenta lo que pueden hacer las partes interesadas para influir las tendencias o incluso revertirlas.

Uno de los desafíos es hacer que las oportunidades de digitalización estén disponibles también para los millones de trabajadores que aún están excluidos de la sociedad digital.

La perspectiva más amplia de la sociedad en la que queremos vivir no tiene que descuidarse: la reducción del tiempo de trabajo y su redistribución, con aumentos salariales debidos a un aumento de la productividad es, por ejemplo, un tema en el que centrarse, cuando se evaluan los aspectos cuantitativos. “Efectos” de la digitalización.

Y sabemos muy bien que el aumento de la digitalización abre nuevos desafíos para nuestras democracias: por un lado, más personas pueden acceder a la información y tener libertad de expresión; Por otro lado, lo digital también puede ser una herramienta para la desinformación y el control.

Es necesario comprender cómo la digitalización impacta en los mercados. Las cadenas de valor globales se integran cada vez más con la digitalización, gracias a las dramáticas transformaciones en la logística y la posibilidad de conectar industrias, empresas y consumidores de todo el mundo.

La confederación sindical internacional y las federaciones sindicales globales deben monitorear las cadenas de valor globales, luchando para condiciones más justas para todos, porque una decisión tomada en la sede de una compañía de la cadena de valor global, tiene impactos significativos en la organización del trabajo y en las condiciones de trabajo en empresas ubicadas en otros países.

Incluso en la misma compañía, ya sea una micro-multinacional o una multinacional gigante como la GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), la gobernabilidad a menudo está centralizada, pero el sistema que administra el capital humano y la mano de obra es casi siempre a nivel nacional.

La brecha, que divide el tiempo, los actores y el lugar donde se toman las decisiones desde donde producen su efecto, debe ser manejada adecuadamente. Un ejemplo es la economía de plataforma: el algoritmo que “determina” la organización del trabajo y las condiciones relacionadas (por ejemplo, clasificación de trabajadores, tiempo de trabajo, salario, etc.) a menudo se programa centralmente (por ejemplo, Silicon Valley), sin tener en cuenta las consecuencias producidas en otros contextos, o, más aún, los efectos sobre el trabajo en general.

No es suficiente actuar a nivel nacional, es necesario negociar los aportes dados al algoritmo, en términos de valores, variables a considerar y patrones entre ellos.

La estructura de negociación colectiva y las herramientas deben actualizarse para la economía global, y esto no es una tarea fácil.

Para lograr la fortaleza y la capacidad necesarias para enfrentar este desafío, es necesario mejorar la capacitación de los sindicalistas, la representación y la sindicalización de los trabajadores, tanto en cantidad como en calidad, para toda la clase obrera mundial.

También necesitamos instituciones que puedan gobernar una economía globalizada y digitalizada. Un siglo después de su creación, la OIT debería diseñar e implementar nuevas herramientas de regulación alineadas con la realidad de la economía contemporánea, extendiendo y reconociendo los derechos fundamentales de los nuevos trabajadores, y reconociendo la estructura internacional de las relaciones industriales.

Es necesario llegar a los trabajadores en áreas remotas y en línea, confiar en ellos para establecer redes globales y desarrollar su sensibilidad y experiencia sobre las condiciones de trabajo de las personas que trabajan juntas de todo el mundo, utilizando herramientas digitales para nuestro propio beneficio.

Como ejemplo, para ilustrar el funcionamiento de los sistemas económicos y sociales: la economía es global, pero las dos herramientas principales al servicio de la redistribución de la riqueza y la justicia social (impuestos / sistemas fiscales y representación del trabajo) siguen siendo nacionales. Esto crea una carrera hacia el fondo entre los estados para competir mediante la reducción de impuestos y derechos laborales.

Necesitamos cambiar nuestra estrategia, aprovechando la innovación tecnológica para alcanzar este objetivo, cambiando el enfoque común sobre este tema: el verdadero desafío para los sindicatos en la digitalización es promover el uso de la tecnología para responder a la principal y muchos otros desafíos globales (por ejemplo, cambio climático) y para construir el mundo en el que queremos que vivan nuestros hijos.

Nosotros, como sindicatos, tenemos que proteger y controlar dónde y cómo se desarrolla la innovación y dónde y cómo se aplica, para no tener voz solo en sus efectos ex post sobre el trabajo y la sociedad, pero también sobre las decisiones tomadas en sentido ascendente.

Esta es la única manera para marcar la diferencia, tenemos que actuar a nivel global, así como en las empresas de tecnología. No hay ninguna conclusión a esta historia, la digitalización no nos salvará a todos y los escenarios apocalípticos también son engañosos.

Tenemos que trabajar para desempeñar un papel activo en el proceso, por condiciones de trabajo y de vida dignas y por una sociedad más justa en todo el mundo.

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