¿Por qué, ahora más que nunca, la OIT es fundamental para la justicia social?

 

Dentro de unas pocas semanas, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebrará el centenario de su fundación.

Ahora más que nunca, la OIT necesita fortalecer el singular papel que desempeña dentro del sistema de Naciones Unidas de manera que pueda asegurar el cumplimiento efectivo de su mandato tripartito para alcanzar la verdadera justicia social.

El Centenario de la OIT llega en un momento crítico para los y las trabajadoras y para el conjunto del movimiento sindical en todo el mundo.

El impacto social, económico y ambiental de la globalización no regulada se ha visto exacerbado por las políticas erróneas que muchos gobiernos han continuado después de la crisis financiera. Esta situación ha generado crecientes desigualdades y ha empeorado las condiciones de trabajo y de vida de muchas personas, afectando la aplicación de los derechos sindicales.

Por esta razón, es urgente reafirmar la centralidad de la OIT en el mundo del trabajo y, desde una perspectiva sindical, garantizar el pleno respeto de la libertad sindical y del derecho a la negociación colectiva, las dos normas laborales fundamentales.

En el ámbito global, la OIT es la única institución internacional que tiene este rol principal y -dada su naturaleza tripartita, así como los mecanismos que posee para el establecimiento de normas y cumplimiento- como agencia de Naciones Unidas, puede ser el foro para encontrar y dar respuestas compartidas a las nuevas demandas y retos que enfrentan las y los trabajadores.

El movimiento sindical internacional sabe de la necesidad de un foro de estas características. Hemos estado recibiendo ataques constantes y bien coordinados en todo el mundo y también dentro de la propia OIT, lo que dificulta nuestra capacidad de oponernos al creciente poder de las empresas multinacionales y de los intereses privados, unos intereses que, a menudo, establecen la agenda de las políticas públicas.

En los últimos seis años, el grupo de los empleadores y el de los gobiernos -los otros dos que, junto al de los trabajadores, constituyen la OIT- han mostrado actitudes regresivas y agresivas contra el mecanismo de establecimiento de normas de la OIT y contra el movimiento laboral, al punto de conseguir volver a discutir el alcance y la existencia de algunos derechos fundamentales que habían sido incuestionables hace solo unos años.

La Confederación Sindical Internacional (CSI) y el Grupo de los Trabajadores de la OIT no han podido contrarrestar esos ataques adecuadamente y han perdido algún conflicto crucial.

Todas y todos sabemos que los empleadores han logrado socavar la existencia misma del derecho de huelga, entendido éste como corolario de la libertad sindical y de la protección del derecho de sindicación y que recoge el Convenio 87 de la OIT.

Posteriormente, en marzo de 2018, el Consejo de Administración de la OIT adoptó una resolución con la que se reducía el salario del personal de la propia organización con el apoyo del Grupo de los Trabajadores, que dio la espalda a los trabajadores de la OIT; los representantes de los y las trabajadoras no fueron consultados ni tuvieron posibilidad de participar en ningún diálogo con la dirección de la OIT, traicionándose el principio fundacional de diálogo social de la Organización.

Además, en el mismo Consejo de Administración, se aprobó la creación de una Comisión de Investigación contra el Gobierno de Venezuela con el voto favorable del Grupo de Trabajadores, en cuyo seno no había unanimidad y cuya posición final se marcó con un enfoque “de arriba hacia abajo” impropio de un grupo trabajadores y menos aún de sus representantes.

Esos episodios revelan una falta de cooperación, solidaridad y democracia entre los sindicatos mundiales que perjudica de manera evidente el interés de los y las trabajadoras en todo el mundo: en esta lucha se debe ser incluyente, estar unidos y que todos los procesos de toma de decisiones estén presididos por un claro espíritu democrático. 

Nadie debe quedar fuera y cada decisión, especialmente cuando se trate de temas cruciales, debe surgir tras un debate entre iguales y no de procesos de toma de decisiones oligárquicas de arriba hacia abajo.

El Grupo de los Trabajadores debe recuperar su unidad y su verdadera naturaleza representativa para constituir una verdadera fuerza de combate contra los ataques perpetrados por los empleadores y los gobiernos en el Consejo de Administración, que están aumentando en número y empeorando el tono. Es necesario evitar nuevos “accidentes” con posibles consecuencias graves.

Creemos que un debate urgente para abordar estos temas recreará un vínculo sólido entre la CSI, el Grupo de Trabajadores y la Oficina de la OIT, reforzando el trabajo de la Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV).

La protección de los derechos de los trabajadores y trabajadoras y de los sindicatos es una actividad fundamental de la CSI. Estos derechos son derechos humanos y por lo tanto inalienables. No pueden ser eliminados.

Este enfoque debe utilizarse plenamente en el establecimiento de normas y los mecanismos de supervisión como el único medio real para defender, promover, desarrollar y hacer cumplir las normas laborales (desarrollar nuevas normas, promover nuevos espacios para el diálogo social y la negociación colectiva, hacer un mejor uso de la supervisión). mecanismos y potenciando su autoridad a nivel nacional y regional).

Nos queda mucho trabajo por delante para ratificar y aplicar los convenios fundamentales de la OIT, en particular los convenios fundamentales 87 y 98 que se encuentran detrás de los demás en relación con el número de Estados miembros ratificantes.

Ha llegado el momento de otorgar a la OIT un poder sancionador para inducir a los Estados miembros a garantizar la ratificación y la aplicación de todos los convenios de la OIT y, en particular, de los ocho fundamentales.

Ahora lucharemos por el reconocimiento y la promoción del derecho de huelga como un corolario intrínseco del Convenio 87 de la OIT, como lo fue en el pasado y como debería ser.

La CSI debe defender con más resolución el reconocimiento efectivo de los principios fundamentales de la libertad sindical y la negociación colectiva, así como las profundas interdependencias existentes entre los dos.

Necesitamos adoptar una postura clara para reclamar la primacía, entre las Normas Internacionales del Trabajo, de la negociación colectiva sobre otras formas de diálogo (como la cooperación en el lugar de trabajo).

Tal principio ha sido puesto en peligro demasiado a menudo por los proyectos llevados a cabo por la propia OIT en el campo, así como en la sede. La agenda debe establecerse en estrecha colaboración con el Director General de la OIT y otros mandantes para apoyar la formulación de políticas públicas, afectando de manera positiva las vidas de los trabajadores en todo el mundo y fortalecer los mecanismos de supervisión y una gobernanza que se adapte al mundo del trabajo global.

100 años después de su fundación, este es el mandato de hoy para la OIT y esta es una tarea que no se puede dejar a otras agencias, ni al cumplimiento privado ni a otros organismos como ISO.

Debemos iniciar un debate dentro de la CSI, sobre la posición del Grupo de Trabajadores y las actividades dentro de la OIT que se llevarán a cabo en cooperación y coherencia con ACTRAV y que se caracterizarán por la transparencia, la rendición de cuentas y la inclusión.

Necesitamos una CSI que reclame y juegue por la coherencia de políticas entre el trabajo en la OIT y las acciones en otros ámbitos, incluido un diálogo crítico y claro con las instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio., las Naciones Unidas, el G20, etc.

Además de esto, la CSI y sus organizaciones regionales también deben desarrollar una política más efectiva y cohesiva que busque tener influencia sobre los órganos de toma de decisiones.

En vísperas del Centenario de la OIT, este es el mundo del trabajo que esperamos, esta es la CSI que queremos.

 

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