¿Pueden los sindicatos contribuir a gobernar las migraciones globales?

 

Estoy viajando rumbo al festival Sabir, en Sicilia, un evento que se celebra anualmente y donde los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil del Mediterráneo debaten abiertamente sobre las políticas migratorias en la región.

Sabir era un viejo idioma que se hablaba en la Cuenca Mediterránea entre los siglos XI y XIX, una lengua común y compartida que facilitaba el comercio y las comunicaciones, y unía a las personas.

Dados los conflictos y divisiones que estamos experimentando en todo el mundo, en el tema de las migraciones pienso que debemos encontrar urgentemente una forma de gobernar este fenómeno de un modo conjunto y compartido. Y me pregunto: ¿los sindicatos pueden ayudar en esto?

Lo que sé a ciencia cierta es que nuestras organizaciones se están enfrentando con muchos retos debido al desplazamiento sin precedentes de personas por el planeta. Según datos de la ONU, hay más de 232 millones de migrantes en el mundo, y más de 150 millones de ellos son hombres y mujeres que trabajan. En la mayoría de los casos la migración es causada por la injusticia social, la desigualdad, los conflictos, la vulneración de los derechos humanos, el impacto del calentamiento global.

Sin embargo, los gobiernos de todos los países afectados por el fenómeno (los de partida, de tránsito y de llegada) han reaccionado muy débilmente al fenómeno. Demasiados políticos invocan la erección de muros y el cierre de las fronteras sin ni siquiera intentar abrir un debate para encontrar políticas comunes. 

En casi todos los países del mundo el escenario político está caracterizado por las nuevas olas de nacionalismo, xenofobia y racismo, incitados por los movimientos políticos de extrema derecha. Lo veo suceder en mi país, Italia, que se encuentra en la encrucijada entre Europa, Oriente Medio y África, pero también pasa en Asia, en las Américas y la región del Pacífico.

A la respuesta de los mandatarios, que solo consiste en seguir cerrando las fronteras impidiendo así la migración regular y fomentando el nacionalismo, hasta hora la reacción de la comunidad internacional ha sido débil.

El Pacto Mundial sobre una Migración segura, ordenada y regular que fue estipulado por la ONU el pasado julio es el primer intento para propiciar la gobernabilidad del fenómeno, forjando un marco de cooperación multilateral y garantizando a los migrantes también los derechos internacionales del trabajo. Pero, ¿cuáles migrantes tienen derecho a ser protegidos de acuerdo con este marco?

Es lamentable que este Pacto marque una neta distinción entre migrantes regulares e irregulares, previendo así una diferencia de trato y de acceso a los servicios, lo que significa también diferencia en las disposiciones en materia de protección social, derechos humanos y derechos laborales.

Por lo tanto la perspectiva del Pacto Mundial sobre Migración amenaza con contradecir la misma esencia de la protección social como queda reflejada en los tratados y normas internacionales sobre los derechos humanos y laborales.

Tenemos que dejar esto claro: se trata de volver décadas atrás respecto de la bien consolidada doctrina de OIT, y de la tutela de los derechos humanos, que debe aplicarse a todos y cada uno de los migrantes con independencia de su estatus legal.

Creo que OIT desempeña un papel fundamental para asegurar que las políticas migratorias queden fuertemente arraigadas en los principios del trabajo digno y los estándares laborales básicos para todos los migrantes.

La promoción de los derechos humanos para todo el mundo y del desarrollo sostenible debería ser el eje central de nuestra acción, como contempla la Agenda ONU 2030.

Como sindicatos tenemos una responsabilidad bien clara.

A escala nacional, debemos luchar contra el racismo y la xenofobia, reivindicando el principio de no-criminalización de los migrantes irregulares. Debemos promocionar modelos inclusivos de sociedad y trabajo, evitando crear divisiones entre nativos y migrantes, organizando a los hombres y las mujeres que protagonizan las migraciones, garantizando la contratación legal y el acceso a los servicios básicos.

Aliados con las organizaciones de la sociedad civil tenemos que luchar contra las causas de la migración y todos aquellos factores que empujan a las personas a huir de sus países natales.

Tenemos que garantizar que los grandes tratados comerciales entre países y regiones sean equitativos y sostenibles, tanto para la sociedad como para el medioambiente, propiciando la creación de empleos de buena calidad, contrarrestando la pobreza y fortaleciendo la democracia.

Los sindicatos pueden hacer mucho para ayudar a la comunidad internacional y encontrar una nueva forma de gobernar la migración mundial.

Ya es hora de crear un lenguaje común y compartido que impulse la unidad y evite crear más división y conflictos inútiles.

 

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